La levedad del ser

La levedad del ser

miércoles, 25 de febrero de 2015

BABELONIA Opúsculo virtual de poesía 7/2015 Poemas de Leópold Sedar Shengor (*)...


BABELONIA
Opúsculo virtual de poesía 7/2015
Poemas de Leópold Sedar Shengor (*)...
ORACIÓN A LAS MÁSCARAS
¡Máscaras! ¡Oh máscaras!
Máscara negra, máscara roja,
máscaras blanquinegras.
Máscaras de todo horizonte
de donde sopla el Espíritu,
os saludo en silencio.
Y no a ti el último Antepasado
de cabeza de León.
Guardáis este lugar prohibido
a toda sonrisa de mujer,
a toda sonrisa que se marchita.
Destiláis ese aire de eternidad
en el que respiro el aliento de mis Padres.
Máscaras de rostros sin máscara,
despojados de todo hoyuelo y de toda arruga,
que habéis compuesto este retrato,
este rostro mío inclinado sobre el altar de blanco papel.
A vuestra imagen, ¡escuchadme!
Ya se muere el África de los imperios,
es la agonía de una princesa deplorable.
Y también Europa
a la que nos une el cordón umbilical.
Fijad vuestros ojos inmutables
en vuestros hijos dominados que dan su vida como el pobre su última ropa.
Que respondamos con nuestra presencia
al renacer del mundo,
como es necesaria la levadura a la harina blanca.
¿Pues quién enseñaría el ritmo de las máquinas
y de los cañones al mundo desaparecido?
¿Quién daría el grito de alegría para despertar
a muertos y a huérfanos al amanecer?
Decid, ¿quién devolvería el recuerdo de la vida
al hombre de esperanzas rotas?
Nos llaman los hombres del algodón,
del café, del aceite,
nos llaman los hombres de la muerte.
Somos los hombres de la danza,
cuyos pies recobran fuerza
al golpear el duro suelo.

MUJER NEGRA
¡Mujer desnuda, mujer negra
Vestida de tu color que es vida,
de tu forma que es belleza!
He crecido a tu sombra;
la suavidad de tus manos vendaba mis ojos.
Y en pleno verano y en pleno mediodía,
te descubro.
Tierra prometida desde la alta cima de un puerto calcinado,
tu belleza me fulmina en pleno corazón,
como el relámpago del águila.
Mujer desnuda, mujer oscura,
fruto maduro de carne tersa,
sombrío éxtasis del vino negro,
boca que haces lírica mi boca,
sabana de horizontes puros,
sabana estremecida
bajo caricias ardientes del viento del Este.
Tamtan esculpido, tamtan terso
que ruges bajo los dedos del vencedor.
Tu voz grave de contralto
es el canto espiritual de la Amada.
CANTO DE PRIMAVERA
[FRAGMENTO]
Para una muchacha negra de talón rosa
I
¡Cantos de aves se elevan diáfanos en el cielo primitivo,
El aroma verde de la hierba asciende, Abril!
Escucho el aliento de la aurora conmovida, las nubes blancas
de mis cortinas.
Escucho el canto del sol sobre mis postigos melodiosos.
Siento como un aliento el recuerdo de Naët sobre mi nuca
desnuda amotinándose.
Mi sangre, a mi pesar cómplice, murmura en mis venas
Eres tú, amiga mía — ¡Oh! escucha la respiración ya cálida
en el abril de otro continente.
¡Oh! escucha cómo se deslizan escarchadas de azul las alas
de las golondrinas migratorias.
Escucha el aleteo blanco y negro de las cigüeñas en el
extremo de sus velos desplegados.
Escucha el mensaje de la primavera de otra época,
de otro continente.
Escucha el mensaje del África lejana y el canto de tu
sangre
Escucho la sabia de abril en tus venas cantar.
ME IMAGINO O SUEÑO DE MUCHACHA
Me imagino contigo ahí.
Hay sol
Y el canto extraño de ese pájaro perdido.
Parece un atardecer de verano,
Iluminado.
Siento volverme tonta, muy tonta.
Tengo un deseo enorme de acostarme en la paja,
Con lunares de sol sobre mi piel desnuda,
Alas de mariposas y pétalos anchos
Y mil bichitos de tierra
A mí alrededor.
TU CARTA SOBRE LA SÁBANA
Tu carta sobre la sábana,
bajo la lámpara perfumada
Azul como la camisa nueva que el muchacho alisa
Cantando, como el cielo y el mar y mí anhelo
Tu carta. Y el mar tiene su sal, y el aire la leche el pan el arroz, digo
Su sal
La vida contiene su vigor, y la carta su sentido
El sentido de Dios y su movimiento.
Sin tu carta la vida no sería vida
Tus labios mi sal mi sol, mi aire fresco y mi nieve.
SPLEEN
Quiero calmar tu morriña, mi amor,
Y que se duerma,
Murmurarte ese aire viejo de blues
Para que se duerma. Es un blues melancólico,
Un blues nostálgico,
Un blues indolente
Y lento.
Son vírgenes con miradas matizadas de extrañeza,
La indolencia triste de los crepúsculos.
Es la sabana que llora en el claro de luna,
Digo el largo solo de una larga melopeya.
Es un blues melancólico,
Un blues nostálgico,
Un blues indolente
Y lento.
PARA LA NEGRA RUBIA
Y finalmente has venido en el alba dulce,
Vestida con tus ojos de verdes praderas
Y cubierta de oro y de hojas de otoño.
Tomaste mi cabeza
En tus delicadas manos de hada,
Me besaste en la frente
Y yo descansé
En tu pecho,
Mi amiga, mi amiga, ¡oh mi amiga!
DISTURBIO EN HARLEM
Y me desperté una mañana
De mi sueño obstinado y mudo
Feliz, al son de un jazz aéreo
Ellos desvendaron las gallas de su mundo gangrenado
Y entonces, vi sus ignominias
Bajo el terciopelo y la seda fina.
Quise tragarme la saliva.
Pero no pude.
Mi cabeza es una caldera hirviente
De alcohol
Una fábrica de revueltas
Acrecentada por largos siglos de paciencia.
¡Necesito combate, grito muertos,
Sangre!
ASESINATOS
Se les puede ver sobre las rutas de cautivos, las largas rutas del desastre
Esbeltos álamos, estatuas de los dioses más sombríos ceñidos con sus mantos de oro
Los prisioneros senegaleses alejados tenebrosamente en territorios de Francia.
En vano te cortaron la risa, en vano la flor más negra de tu carne.
Eres la flor de belleza primera entre la ausencia desnuda de las flores
Flor negra de sonrisa grave, diamante de un tiempo inmemorial.
Eres arcilla y savia de la verde primavera en este mundo
De la pareja primitiva eres la carne, el vientre fecundo, la simiente
Eres sagrado pulular de los jardines paradisíacos y claros
En esta selva irreductible, triunfante del fuego y la centella.
El canto vasto de tu sangre vence maquinarias y cañones
Y tu palabra palpitante las mentiras y sofismas
Ningún odio en tu alma sin odio, ninguna coartada para tu alma sin coartada
Oh mártires negros raza inmortal, permítanme decir esas palabras que perdonan.
Léopold Sédar Senghor (1906-2001). Poeta, ensayista, y primer presidente de Senegal (1960-1979). Junto con Aimé Césaire (Martinica) y Léon Damas (Islas Guadalupe), creó el movimiento de “La Négritude”, que pugnaba por la reivindicación de una estética inmanentemente Africana. De padres acomodados, estudió en Paris desde su infancia, para posteriormente ser profesor en Tours. Fue prisionero de guerra por los alemanes de 1940 a 1943 al servir en el ejército francés durante la II Guerra Mundial. Tras ser liberado continuó ejerciendo la docencia, pero pronto empezó a dedicarse a la política. De 1946 a 1958 fue diputado socialista por Senegal en la Asamblea Nacional francesa. Cuando su país alcanzó la independencia en 1959, fue elegido presidente de la República. Permaneció en el cargo hasta su retiro voluntario, a finales de 1980, tras haber sido reelegido en 1968, 1973 y 1978 de forma ininterrumpida. Fundó en 1947 la revista Présence Africaine, una de las principales publicaciones panafricanistas de su tiempo y publicó, en 1948 la Anthologie de la nouvelle poésie nègre et malgache de langue française imprescindible para quien quiera estudiar poesía negra en lengua francesa. Entre su obra poética, encontramos: Chants d’ombre, (1945); Hosties noires (1948); Éthiopiques (1956);Nocturnes (1961). De su trabajo como ensayista destacan entre muchos otros: Nations et voies africaines du socialisme (1961-1964) y Liberté I-V (1964-1993), que presentan la visión post-independentista de los Pueblos Bantúes.
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martes, 24 de febrero de 2015

BABELONIA Opúsculo virtual de poesía 6/2015 Poemas de Wislawa Szymborska (*)



BABELONIA
Opúsculo virtual de poesía 6/2015
Poemas de Wislawa Szymborska (*)
RETRATO DE MUJER
Debe ser a elección.
Cambiar para que no cambie nada.
Es fácil, imposible, difícil, vale un intento.
Sus ojos son, si cabe, una vez azules, otra vez grises,
negros, alegres, sin causa llenos de lágrimas.
Duerme con él como una cualquiera, única en el mundo.
Le parirá cuatro hijos, ningún hijo, uno.
Ingenua, más la que mejor aconseja.
Débil, mas podrá con el peso.
No tiene cabeza, pues la tendrá.
Lee a Jaspers, y revistas de mujeres.
No sabe el porqué de este tornillo y construirá un puente.
Joven, como siempre joven, todavía joven.
Sostiene en sus manos un gorrión alirroto,
su propio dinero para un viaje largo y ajeno,
un mazo, una compresa y una copa de vodka.
¿A dónde corre? ¿no está cansada?
Que no, un poco, mucho, no pasa nada.
O le quiere o se empeña.
Por lo bueno, por lo malo y por el amor de Dios.
PROSPECTO
Soy un tranquilizante.
Funciono en casa,
Soy eficaz en la oficina,
me siento en los exámenes,
Comparezco ante los tribunales,
pego cuidadosamente las tazas rotas:
sólo tienes que tomarme,
¡ disolverme bajo la lengua,
tragarme,
sólo tienes que beber un poco de agua.
Sé qué hacer con la desgracia,
cómo sobrellevar una mala noticia,
disminuir la injusticia,
iluminar la ausencia de Dios,
escoger un sombrero de luto que quede bien con una cara.
A qué esperas,
confía en la piedad química.
Eres todavía un hombre (una mujer) joven,
deberías sentar la cabeza de algún modo.
¿Quién ha dicho
que la vida hay que vivirla arriesgadamente?
Entrégame tu abismo,
lo cubriré de sueño,
me estarás agradecido (agradecida)
por haber caído de pies.
Véndeme tu alma.
No habrá más comprador.
Ya no hay otro demonio.
NADA DOS VECES
Nada sucede dos veces
ni va a suceder, por eso
sin experiencia nacemos,
sin rutina moriremos.
En esta escuela del mundo
ni siendo malos alumnos
repetiremos un año,
un invierno, un verano.
No es el mismo ningún día,
no hay dos noches parecidas,
igual mirada en los ojos,
dos besos que se repitan.
Ayer mientras que tu nombre
en voz alta pronunciaban
sentí como si una rosa
cayera por la ventana.
Ahora que estamos juntos,
vuelvo la cara hacia el muro.
¿Rosa? ¿Cómo es la rosa?
¿Cómo una flor o una piedra?
Dime por qué, mala hora,
con miedo inútil te mezclas.
Eres y por eso pasas.
Pasas, por eso eres bella.
Medio abrazados, sonrientes,
buscaremos la cordura,
aun siendo tan diferentes
cual dos gotas de agua pura.
POSIBILIDADES
Prefiero el cine.
Prefiero los gatos.
Prefiero los robles a orillas del Warta.
Prefiero Dickens a Dostoievski.
Prefiero que me guste la gente
a amar a la humanidad.
Prefiero tener a la mano hilo y aguja.
Prefiero no afirmar
que la razón es la culpable de todo.
Prefiero las excepciones.
Prefiero salir antes.
Prefiero hablar de otra cosa con los médicos.
Prefiero las viejas ilustraciones a rayas.
Prefiero lo ridículo de escribir poemas
a lo ridículo de no escribirlos.
Prefiero en el amor los aniversarios no exactos
que se celebran todos los días.
Prefiero a los moralistas
que no me prometen nada.
Prefiero la bondad astuta que la demasiado crédula.
Prefiero la tierra vestida de civil.
Prefiero los países conquistados a los conquistadores.
Prefiero tener reservas.
Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.
Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas
del periódico.
Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.
Prefiero los perros con la cola sin cortar.
Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.
Prefiero los cajones.
Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado
a muchas otras tampoco mencionadas.
Prefiero el cero solo
al que hace cola en una cifra.
Prefiero el tiempo insectil al estelar.
Prefiero tocar madera.
Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.
Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad
de que el ser tiene su razón.
De “Gente en el puente” 1986
ALABANZA A MI HERMANA
Mi hermana no escribe poemas
y es improbable que de pronto comience a escribir poemas.
Le viene de su madre, que no escribía poemas
,y de su padre, que tampoco escribía poemas.
Bajo el techo de mi hermana me siento a salvo:
nada impulsaría al marido de mi hermana a escribir poemas.
Y aunque suene como un poema de Adam Macedonski,
ninguno de mis parientes se ocupa de escribir poemas.
En el escritorio de mi hermana no hay poemas viejo
sni nuevos en su bolso.
Y cuando mi hermana me invita a cenar,
sé que no tiene intenciones de leerme poemas.
Hace magníficas sopas sin esfuerzo,
y el café no se derrama sobre sus manuscritos.
En muchas familias nadie escribe poemas,
pero cuando lo hacen, rara vez es sólo una persona.
Algunas veces la poesía fluye en cascadas de generaciones
que ocasionan temibles corrientes en las relaciones familiares.
Mi hermana cultiva una prosa hablada decente,
pero toda su producción literaria está en tarjetas postales veraniegasque prometen la misma cosa cada año:
que cuando vuelva me contará todo,
todo,
todo.
AMOR A PRIMERA VISTA
Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.
Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?
Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún “lo siento”
o el sonido de “se ha equivocado” en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.
Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.
Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?
Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.
Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.
Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.
De “Fin y principio” 1993
PRIMERA FOTOGRAFÍA DE HITLER
¿Y QUIÉN ES ESTE NIÑO con su camisita?
Pero ¡si es Adolfito, el hijo de los Hitler!
¿Tal vez llegue a ser un doctor en leyes?
¿O quizá tenor en la ópera de Viena?
¿De quién es esta manita, de quién la orejita, el ojito, la naricita?
¿De quién la barriguita llena de leche? ¿No se sabe todavía?
¿De un impresor, de un médico, de un comerciante, de un cura?
¿A dónde irán estos graciosos piecitos, a dónde?
¿A la huerta, a la escuela, a la oficina, a la boda
tal vez con la hija del alcalde?
Cielito, angelito, corazoncito, amorcito,
cuando hace un año vino al mundo,
no faltaron señales en cielo y en la tierra:
un sol de primavera, geranios en las ventanas,
música de organillo en el patio,
u presagio favorable envuelto en un fino papel de color rosa.
Antes del parto, su madre tuvo un sueño profético:
ver una paloma en sueños, será una buena noticia;
capturarla, llegará un visitante largamente esperado.
Toc, toc, quién es, así late el corazón de Adolfito.
Chupete, pañal , babero, sonaja,
el niño, gracias a Dios, está sano, toquemos madera,
se parece a los padres, al gatito en el cesto,
a los niños de todos los demás álbumes de familia.
Ah, no nos pondremos a llorar ahora, ¿verdad?,
mira, mira, el pajarito, ahora mismo lo suelta el fotógrafo.
Atelier Klinger, Grabenstrasse, Braunen,
y Braunen no es una muy grande, pero es una digna ciudad,
sólidas empresas, amistosos vecinos,
olor a pastel de levadura y a jabón de lavar.
No se oye el aullido de los perros, ni los pasos del destino.
El maestro de la historia se afloja el cuello
y bosteza encima de los cuadernos.
LA HABITACIÓN DEL SUICIDA
Seguramente crees que la habitación estaba vacía.
Pues no. Había tres sillas bien firmes.
Una lámpara buena contra la oscuridad.
Un escritorio, en el escritorio una cartera, periódicos.
Un buda despreocupado. Un cristo pensativo.
Siete elefantes para la buena suerte y en el cajón una agenda.
¿Crees que no estaban en ella nuestras direcciones?
Seguramente crees que no había libros, cuadros ni discos.
Pues sí. Había una reanimante trompeta en unas manos negras.
Saskia con una flor cordial.
Alegría, divina chispa.
Odiseo sobre el estante durmiendo un sueño reparador
tras las fatigas del canto quinto.
Moralistas,
apellidos estampados con sílabas doradas
sobre lomos bellamente curtidos.
Los políticos justo al lado se mantenían erguidos.
No parecía que de esta habitación no hubiera salida,
al menos por la puerta,
o que no tuviera alguna perspectiva, al menos desde la ventana.
Las gafas para ver a lo lejos estaban en el alféizar.
Zumbaba una mosca, o sea que aún vivía.
Seguramente crees que cuando menos la carta algo aclaraba.
Y si yo te dijera que no había ninguna carta.
Tantos de nosotros, amigos, y todos cupimos
en un sobre vacío apoyado en un vaso.

LAS TRES PALABRAS MÁS EXTRAÑAS

Cuando pronuncio la palabra Futuro,
la primera sílaba pertenece ya al pasado.
Cuando pronuncio la palabra Silencio,
lo destruyo.
Cuando pronuncio la palabra Nada,
creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.
UN TERRORISTA: ÉL OBSERVA
La bomba explotará en el bar a las trece veinte.
Ahora apenas son las trece y dieciséis.
Algunos todavía tendrán tiempo de salir.
Otros de entrar.
El terrorista ya se ha situado al otro lado de la calle.
Esa distancia lo protege de cualquier mal
y se ve como en el cine:
Una mujer con una cazadora amarilla: ella entra.
Un hombre con unas gafas oscuras: él sale.
Unos chicos con vaqueros: ellos está hablando.
Trece diecisiete y cuatro segundos.
Ese más abajo tiene suerte y sube a una moto,
y ese más alto entra.
Trece diecisiete y cuarenta segundos.
Una niña: ella va andando con una cinta verde en el pelo.
Sólo que de repente ese autobús la tapa.
Trece dieciocho.
Ya no está la niña.
Habrá sido tan tonta como para entrar, o no,
eso ya se verá cuando vayan sacando.
Trece diecinueve.
Y ahora como que no entra nadie.
En vez de entrar aún hay un gordo calvo que sale.
Pero parece que busca algo en sus bolsillos y
a las trece veinte menos diez segundos
vuelve a buscar sus miserables guantes.
Son las trece veinte.
Qué lento pasa el tiempo.
Parece que ya.
Todavía no.
Sí, ahora.
Una bomba: la bomba explota.
EXPERIMENTO
Antes de la película,
en la que los actores hicieron lo posible
para conmoverme e incluso hacerme reír,
proyectaron un curioso experimento
con una cabeza.
La cabeza
momentos antes aún pertenecía a…
ahora estaba cortada,
todo el mundo pudo ver que no había tronco.
Por la nuca colgaban las tuberías del aparato
gracias al que la sangre circulaba todavía.
La cabeza
se encontraba bien.
Sin señales de dolor, o siquiera de sorpresa,
seguía con la mirada el movimiento de la luz de una linterna.
Movía las orejas cuando sonaba un timbre.
con su nariz húmeda sabía distinguir
entre el olor a tocino y la inodora inexistencia,
y lamiéndose con evidente gusto
segregaba saliva en honor a la fisiología.
Fiel cabeza de perro,
bondadosa cabeza de perro,
cuando la acariciaban, entornaba los ojos
creyendo que era todavía parte de un todo
que encorvaba el lomo bajo una caricia
y meneaba la cola.
Pensé en la felicidad y sentí miedo.
Porque si sólo de eso se trataba en la vida,
la cabeza
era feliz.
UN GATO EN UN PISO VACÍO
Morir, eso no se le hace a un gato.
Porque qué puede hacer un gato
en un piso vacío.
Trepar por las paredes.
Restregarse entre los muebles.
Parece que nada ha cambiado
y, sin embargo, ha cambiado.
Que nada se ha movido,
pero está descolocado.
Y por la noche la lámpara ya no se enciende.
Se oyen pasos en la escalera,
pero no son ésos.
La mano que pone el pescado en el plato
tampoco es aquella que lo ponía.
Hay algo aquí que no empieza
a la hora de siempre.
Hay algo que no ocurre
como debería.
Aquí había alguien que estaba y estaba,
que de repente se fue
e insistentemente no está.
Se ha buscado en todos los armarios.
Se ha recorrido la estantería.
Se ha husmeado debajo de la alfombra y se ha mirado.
Incluso se ha roto la prohibición
y se han desparramado los papeles.
Qué más se puede hacer.
Dormir y esperar.
Ya verá cuando regrese,
ya verá cuando aparezca.
Se va a enterar
de que eso no se le puede hacer a un gato.
Irá hacia él
como si no quisiera,
despacito,
con las patas muy ofendidas.
Y nada de saltos ni maullidos al principio.

LA MUJER DE LOT
Tal vez miré hacia atrás por curiosidad.
Pero además de curiosidad pude tener otras razones.
Miré hacia atrás porque me dio tristeza la escudilla de plata.
Por distracción: amarrándome el cordón de la sandalia.
Para no mirar más la nuca justa
de mi marido, Lot.
Por la seguridad repentina de que si yo muriera,
él no se detendría
Por la desobediencia natural de los humildes.
Escuchando cómo nos perseguían.
Conmovida por el silencio, pensando que Dios cambiaría de idea.
Nuestras dos hijas se perdían ya tras la colina.
Sentí la vejez en mí. El alejamiento.
Lo inútil de viajar. Sueño.
Miré hacia atrás mientras ponía mi hatillo en el suelo.
Miré hacia atrás preocupada por el siguiente paso.
En mi camino aparecieron serpientes,
arañas, ratones de campo y polluelos de buitre.
Ni buenos, ni malos; simplemente lo vivo, todo,
brincaba y se arrastraba por un temor colectivo.
Miré hacia atrás por soledad.
Por la vergüenza de huir a escondidas.
Por las ganas de gritar, de regresar.
O porque justo entonces se soltó el viento,
desató mi pelo y me levantó el vestido.
Sentí que me veían desde los muros de Sodoma
y se morían de risa, una y otra vez.
Miré hacia atrás llena de rabia.
Para gozar plenamente su ruina.
Miré hacia atrás por todas las razones mencionadas.
Miré hacia atrás sin querer.
Fue sólo que una roca giró gruñendo bajo mis pies.
Que una grieta de pronto me cortó el paso.
En la orilla un hámster agitaba las patas delanteras.
Y entonces ambos miramos hacia atrás.
No, no. Yo seguí corriendo, arrastrándome y trepando
hasta que la oscuridad cayó del cielo,
y con ella grava ardiendo y aves muertas.
Por falta de aliento varias veces perdí el equilibrio.
Si alguien me hubiera visto, pensaría que bailaba.
Es posible que haya tenido los ojos abiertos.
Que haya caído mirando hacia la ciudad.

Wislawa Szymborska nace el 2 de julio de 1923 en Bnin (Kórnik), en las proximidades de la ciudad polaca de Poznan. A los ocho años se traslada con su familia a Cracovia, ciudad en la que reside hasta la actualidad. En la década de los cuarenta empieza a publicar en el diario Dziennik Polski, y más tarde en Zycie Literackie. Doctora Honorífica de la Universidad Adam Mickiewicz (Poznan) en 1995, al año siguiente se produjo lo que la propia poeta califica de “terremoto en su vida”: la obtención de los premios Club PEN polaco y, sobre todo, del Nobel de Literatura. Ha publicado, entre otros, los siguientes libros de poemas: Por eso vivimos (1952), Preguntas a mí misma (1954), Llamando al Yeti (1957), Sal (1962), Mil alegrías – un encanto – (1967), Si acaso (1975), El gran número (1976), Gente en el puente (1986), Fin y principio (1993), Instante (2002), Dos puntos (2004) y Aquí (2009). Falleció el 1 de febrero de 2012.

domingo, 15 de febrero de 2015

Julio Llamazares(Babelia): “La memoria histórica de un país es su literatura”

EN PORTADA / ENTREVISTA

Julio Llamazares: “La memoria histórica de un país es su literatura”

El autor relata en 'Distintas maneras de mirar el agua' el destierro olvidado de los vecinos de pueblos sumergidos en pantanos. “Son los judíos españoles del siglo XX”

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Julio Llamazares, en su casa de Madrid después de la entrevista. / ALEJANDRO RUESGA
"Todavía existe”. La vida de Julio Llamazares está tan unida a lugares desaparecidos que cuando habla del pueblo en el que pasó casi toda su infancia —Olleros de Sabero— aclara sin darse cuenta de que todavía existe. Los que no existen, o no del todo, son Vegamián —el lugar en el que nació en 1955, hoy anegado por un pantano— y Ainielle, la aldea deshabitada del Pirineo aragonés en la que situó la acción de La lluviaamarilla,su segunda novela, que lo consagró en 1988.
Tras décadas siendo algo así como “el escritor del pueblo sumergido”, Llamazares publica Distintas formas de mirar el agua, el relato coral de una familia que vuelve al embalse del Porma —el que anegó Vegamián— para dispersar en sus aguas las cenizas del patriarca. En su casa de Madrid, el escritor cuenta que siempre ha escrito el mismo libro, que todo lo que ha hecho son variaciones sobre el primer verso del primer poema de su primer libro. Lo dice metafóricamente, pero, por si acaso, el libro es La lentitud de los bueyes. De 1979. El verso es este: “Nuestra quietud es dulce y azul y torturada en esta hora”. Son las cinco, llueve. No es literatura.
PREGUNTA. Por fin su novela sobre los pueblos sumergidos. Casi a los 60 años. ¿Le ha costado?
RESPUESTA. La verdad es que he tenido la sensación de escribirla como al dictado. Tardo mucho entre novela y novela. Esta es la sexta en esos 60 años. Hubo dos detonantes: haciendo un reportaje sobre el pantano de Riaño fui a un pueblo de colonización de Palencia y me impresionó que la gente me dijera que cuando pasaron de la montaña a la llanura tuvieron que aprender a mirar porque se perdían sin puntos de referencia. Además, los habían alojado en una laguna desecada y cuando llovía volvía a aflorar el agua, así que tenían que dormir con la mano colgando de la cama por si acaso. Esas imágenes removieron en mí todo lo acumulado.
P. ¿Y el otro detonante?
R. Una conferencia que me invitaron a dar en un congreso sobre el agua. Me pidieron que hablara sobre mi relación con Juan Benet como ingeniero del pantano que cubrió Vegamián. Las dos cosas hicieron que brotara de golpe esta novela. Es como cuando llevas mucho tiempo escribiendo y un día le das a la impresora y sale todo seguido.
P. El libro lleva una cita de Benet, que le dijo que usted era escritor gracias a él.
R. Lo hacía por provocar, en su estilo, y yo lo tomé como un insulto.No tuve mucha relación con Benet, pero creo que era un gran tímido que combatía su timidez atacando. Hizo por conocerme. Para mí era un escritor muy importante y nuestra relación fue extraña: por un lado, mantenía su pose de ingeniero escritor arrogante; por otra, siempre me preguntaba por la gente de allí.
P. ¿Y tenía razón?
R. Polemizamos sobre el cierre de Riaño, en 1987, y usó esa frase. Con el tiempo he pensado que tenía razón. Esta novela trata de responder a la pregunta que siempre me hacen sobre cómo me ha influido nacer en un pueblo sumergido. Supongo que como a otro nacer en Madrid o en África, pero imagino que ese sentimiento de pérdida, destrucción y desarraigo que recorre mis libros viene de ahí. Vegamián es un símbolo, no un lugar. Es esa sombra que se adivina bajo el agua cuando pasas por allí en verano. Esa es mi patria, una sombra bajo el agua.
P. ¿Se acuerda de Vegamián?
R. Muy poco. Nací allí por azar. Mi padre era el maestro de la escuela y me fui con dos años. Cuando empezaron las obras nos mudamos a un pueblo minero cercano.
P. ¿Olleros?
R. Olleros de Sabero, que todavía existe, aunque muy decaído por el cierre de la minería. Me dicen: “Escribes de cosas muy tristes”, pero miro para atrás y todos los lugares por los que he pasado o están bajo el agua o son arqueología industrial o no queda nadie. No es que sea mejor ni peor, es lo que yo he vivido. De ahí me viene la sensación de ser un extranjero que vive en España.
P. ¿Cuándo tomó conciencia de que su pueblo estaba bajo el agua?
R. En 1983. Vivía ya en Madrid y un director de cine, José María Martín Sarmiento, quiso hacer una película —El filandón— con cuentos de autores leoneses. Yo escribí un guion para rodarlo en un pueblo cercano al pantano y al llegar para rodar lo primero que veo son las ruinas de Vegamián emergidas del agua. Estaban vaciando el embalse para revisar la presa. Fui a la casa en la que nací: estaba llena de truchas muertas atrapadas en el lodo. Escribí tres poemas pero fui incapaz de seguir. Me di cuenta de que la palabra es muy limitada, y yo, más.
Te pueden obligar a todo menos a no recordar, o a recordar. El trabajo de los escritores es recuperar todo lo que puedas del peso del olvido
P. Los personajes de su novela se quejan de que el ingeniero los menospreció. ¿Fue así?
R. Por lo que yo he oído contar, fue así. Salvo el dueño de la venta de Remellán, en la que Benet escribía por las noches, nadie me ha hablado bien de él. Pero este libro no es un ajuste de cuentas: yo tuve una relación cordial con Benet y como escritor lo admiro mucho. Era la época.
P. ¿La época?
R. Entonces los ingenieros eran dioses, pero también los médicos y hasta los maestros de escuela. Los ingenieros eran dioses que podían cambiar la naturaleza y tu vida. Estabas en tu casa y te caía encima el aparato del Estado. Vegamián fue en la época de Franco, pero Riaño en la de Felipe González y no sé si recuerdas imágenes de la Guardia Civil entrando en el pueblo como los israelíes en Gaza. Y era el PSOE, que antes había criticado los pantanos. Pero esto es una novela. Mi postura ante los pantanos no es de cerrazón. Las cosas hay que hacerlas porque hace falta el agua pero sin tratar a la gente como animales.
P. Pese al drama, sus personajes reconocen que la vida les fue mejor.
R. Los dos temas de la novela son el punto de vista —para unos el paisaje es precioso; para otros, tenebroso— y el desarraigo. Los damnificados por los pantanos son los judíos españoles del siglo XX, el suyo es un destierro desconocido para la mayoría de la gente. Muchos saben que hay pantanos, pero no que hay pueblos debajo del agua.
P. ¿Mereció la pena? Los pantanos no siempre han servido para el regadío.
R. Es que muchos no fueron construidos para lo que le dijeron a la gente. El progreso es necesario pero hay muchas formas de enfocarlo, y en los países tercermundistas se hace a lo bruto. Es muy posible que hoy las comisiones de medio ambiente impidieran la construcción del de Riaño. Mucha gente no sabe que ese pantano fue la contraprestación que Iberdrola exigió al Gobierno de Felipe González a cambio de cerrar la central nuclear de Lemóniz cuando ETA mató al ingeniero Ryan y la cosa se puso muy grave.
P. ¿Por qué?
R. Riaño está en la cabecera del Esla, que es el río más caudaloso de la cuenca del Duero, es decir, el más caudaloso de España de los que no desembocan en el mar. No iban a regar el sur de la provincia de León, Valladolid y Palencia, que algo debe regar, el objetivo era garantizar el caudal para todas las presas que hay a lo largo del Duero, que son las que producen energía eléctrica. Se manipuló a la gente. Los más defraudados por Riaño eran los que más a favor habían estado: los presuntos regantes. Veinte años después no regaban.
P. Usted ha escrito que la actitud del PSOE entonces fue su desengaño político.
R. Es que coincidieron dos cosas en ese tiempo y, por cierto, en las dos estaba Benet, que fue uno de los que más apoyaron el  en el referéndum de la OTAN. Riaño me dio la oportunidad de decir lo que no había dicho cuando sepultaron Vegamián porque era un niño. Eso y la vida, que te va enseñando que es mentira dividir el mundo entre buenos (los míos) y malos (los otros).

Vuelta al pueblo fantasma

Julio Llamazares volvió a Vegamián en 1983. Habían vaciado el pantano y las ruinas del pueblo emergieron. Fruto de aquella visita fueron el guion cinematográfico 'Retrato de bañista', publicado por Del Oeste Ediciones, y tres poemas ahora recogidos en Versos y ortigas (Hiperión), su poesía reunida. En uno de ellos dice: “Como una ciencia antigua de vapor de plomo. Como un lobo de piedra que el río arrastra hacia el abismo. Aguas negras y acero, entre la niebla helada la muerte viene y va”.
P. ¿Pasa lo mismo entre la ciudad y el campo? Su novela habla también de la desaparición del mundo rural.
R. Para mí cualquier tiempo pasado fue peor. No hay que idealizar ni el mundo rural ni el urbano. Aparte de que ahora no hay distinción entre uno y otro. Los medios de comunicación lo han homogeneizado todo. Vas a un instituto a Plasencia y a otro a Madrid y no sabrías dónde estás si te cierran los ojos antes de llegar: visten igual y dicen las mismas cosas. Mi opinión al respecto es la suma de todas las voces de esta novela. Los escritores somos muy vanidosos y solemos poner nuestros rasgos al protagonista, pero es mentira, lo que refleja la verdadera personalidad del autor es la suma de los secundarios.
P. En la edición del 25º aniversario de La lluvia amarilla se sorprendía del éxito de la novela porque pensaba que el tema y el estilo eran anacrónicos. ¿Su estilo es anacrónico?
R. No es que lo crea, es que lo era para el gusto dominante. Luna de lobos salió en el año 1985, en plena movida, cuando hablar de la Guerra Civil era de mal gusto.
P. ¿Es verdad que mandó el original a una dirección equivocada?
R. ¡Y no tenía copia! Es que era un desastre. Tampoco es que ahora sea muy ordenado, pero… Entonces ser joven no era un plus como ahora, era un handicap. Con menos de 40 era difícil publicar novela. Seix Barral me gustaba y, aunque no conocía a nadie, actué con picardía porque entre las pocas cartas que había recibido comentando mis libros de poemas había una de Gimferrer. Miré la dirección en un ejemplar de Confieso que he vivido, las memorias de Neruda, y la mandé a la calle del Tambor del Bruc, todavía me acuerdo. La editorial estaba ya en otra calle y el cartero la llevó allí. Mi padrino literario fue el servicio de Correos.
P. Pese al gusto dominante, tuvo sus lectores. Y tres años después La lluvia amarilla fue un gran éxito.
R. Lo que he descubierto es que hay dos países. Uno es el que aparece en los medios y otro el real. Ese es el que se identificó con La lluviaamarilla, que no es que fuera anacrónica, es que estaba fuera de lugar en la España oficial de entonces. Tú leías los periódicos y las novelas tenían que hablar de ciudades y detectives. Todos éramos muy modernos, queríamos ser un bote de Colón y salir anunciados en la televisión.
P. Y venía usted con sus historias de pueblo.
R. Me cayó el sambenito de escritor rural. Incluso sobre El cielo de Madrid Rafael Conte dijo que era una novela rural aunque pasaba en Madrid. Joder, ya puedes situar una novela en Marte, que no te sacan de la casilla.
P. También dijeron que era el campeón de la literatura ecológica.
R. Yo soy lo más contrario a la visión romántica de la ecología, aunque tampoco estoy en el otro lado. Tenía razón Einstein: es más fácil desintegrar un átomo que una idea preconcebida. Los libros te emocionan o no te emocionan. Como me dijo una vez un lector, es como meter los dedos en un enchufe: hay libros que dan calambre y libros que no. Yo siempre me he sentido fuera de lugar, no lo digo con prepotencia, todo lo contrario. Lo que me ha ayudado es el eco que los libros han tenido en la vida real.
P.La lluvia amarilla fue un fenómeno. La gente bautizaba a sus hijas con el nombre del pueblo, Ainielle, viajaban a visitarlo
R. Toqué una fibra que estaba lejos de saber que tocaba. Es el monólogo de 200 páginas, o las que tenga, de un hombre que se muere. No parece lo más comercial. Algunos la tomaron por algo que no es: la Biblia de la desaparición de un mundo. A veces más que halagarme me sobrecoge saber que hay gente que va andando al lugar, que duerme allí, he recibido cartas de lectores a los que se les apareció el personaje… Si lo llego a saber la hubiera situado en un pueblo más cerca de la carretera para que no tuvieran que subir 12 kilómetros. La gente ve en los libros cosas que uno no ha puesto.
Julio Llamazares. / ALEJANDRO RUESGA
P. Lo que sí ha puesto son padres. Sus novelas están llenas. Incluso esta última: el muerto es el protagonista. ¿Lo había pensado?
R. Lo estoy pensando ahora que me lo dices. Es verdad. Padres callados, duros, bondadosos pero que no quieren parecerlo. Tal vez los libros, en lugar de los críticos, deberían analizarlos los psicoanalistas.
P. ¿Se llevaba bien con su padre?
R. Sí. Dentro de lo que uno se lleva bien con su padre. Yo es que creo que todas las relaciones son complicadas: con los padres, las madres, la pareja, los amigos…
P. ¿Leyó sus libros?
R. Murió en 1996. Sí, leyó varios. La imagen de mi padre, más que en mis libros la he visto reflejada en una de las novelas que más me han impresionado siempre, Muerte de un apicultor, de Lars Gustafsson.
P. ¿Su madre los leyó?
R. Alguna. Cuando acabó La lluvia amarilla me dijo: “Está bien, está bien, pero ¿por qué escribes cosas tan tristes?”. Como diciendo. “Si tampoco has llevado una vida tan…”.
P. ¿Y qué respondía usted?
R. Que no era mi vida sino la del personaje. Es que yo no sé por qué escribo. Para consolarme de la vida, supongo. La literatura es un consuelo. Leerla y escribirla. Lobo Antunes dice que la imaginación no es más que la memoria fermentada, y estoy muy de acuerdo. Escribo sobre mi memoria, la de mi familia y la colectiva. Por eso soy tan raro y por eso soy tan normal.
P. Para algunos de sus personajes la memoria es destructiva; para otros, fundamental. Uno de ellos, Alex, reivindica algo que se parece mucho a la memoria histórica. ¿Comparte su opinión?
R. Saber que España es después de Camboya el país con más muertos en las cunetas debería hacernos pensar. Memoria histórica es una redundancia. La memoria histórica de un país es su literatura, y su arte. Se ha reducido a la Guerra Civil, pero memoria histórica también son los pantanos, la expulsión de los judíos… Estar en contra de la memoria es como estar en contra de pensar o de soñar. Te pueden obligar a todo menos a no recordar, o a recordar. La vida se resume en una lucha entre memoria y olvido, y el trabajo de los escritores es recuperar todo lo que puedas del peso del olvido.
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